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Identidad Corporativa

Se habla mucho de identidad corporativa, de imagen corporativa, cultura corporativa, comunicación corporativa, etc., etc., y existe una notable confusión, hasta el punto de que muchas empresas no saben realmente lo que están comprando cuando contratan esta clase de servicios.
Las confusiones conceptuales engendran confusiones verbales y a la inversa, de manera que es necesario dejar de hacer literatura, de repetir viejos tópicos y hablar con hechos. Mostrar realidades que están en las empresas, en la calle y en las cabezas de los consumidores. Y demostrar (no teorizar ni contar ejemplos ajenos que nada tienen que ver con los problemas de imagen y comunicación de cada empresa en particular), qué es y para qué sirve la identidad Corporativa; cuáles son sus poderes y de qué forma las empresas pueden explotarlos como un instrumento fundamental de la gestión.
Tratar con rigor de la identidad corporativa, es decir, profundizar en ella como lo que realmente es, con todo su potencial estratégico y operativo, requiere que empecemos con una crítica. Porque en efecto, la limitación a la que esta disciplina ha derivado, no tiene nada que ver con el verdadero espíritu de la identidad empresarial y acaba por reducirse a elementos superficiales, parciales y a la simple función estética.
A causa de esta banalización que vivimos del concepto de identidad corporativa, se piensa erróneamente:
1. Que se trata de un simple apartado de la disciplina del diseño gráfico
2. Que su objeto es sencillamente dotar a las empresas de simples “marcas” – a las que se confunde con “logotipos” -.
3. Que se debe establecer normar de aplicación de dichos signos de marca, pero que en la realidad se trata de pseudonormas, siempre repetidas, que no son sino la copia indefinida de un manual cuyo modelo está ya superado y no sirve a las necesidades reales de cada empresa en particular.
Tal reduccionismo de lo que es realmente la identidad corporativa, no es otra cosa que una tergiversación engañosa de lo que en verdad significa la noción profunda de identidad –que tiene sus raíces y su potencial en la antropología- y el sentido de corporación – que viene de “corpus” y concierne a la operativa de la empresa en su totalidad-
La identidad corporativa es un instrumento fundamental de la estrategia de empresa, de su competitividad. Y la elaboración y la gestión de este instrumento operativo no es solamente cuestión de diseño, sino que constituye un ejercicio esencialmente pluridisciplinar.
El problema es sin embargo, es que de los siete vectores de la identidad empresarial sólo son una parte es visible y reproductible: la de los signos gráficos. Aún siendo ésta la punta visible del iceberg, no es sino una pequeña porción de él, realmente la más evidente y permanente, pero que se sostiene gracias a una gran masa sumergida.
El que esta masa sea invisible no significa que no exista. Y el que la punta sea visible no implica que exista por sí misma, independientemente de la estructura que la sostiene y le da sentido. Y mucho menos que la identidad corporativa sólo sea lo que “se ve”.
Por otro lado, el ejemplo del iceberg sumergido es aún insuficiente. La identidad corporativa posee asimismo una dimensión mayor: la de su reflejo espacial y temporal o su vida activa, más importante, por supuesto, que la estructura física que la sostiene y que constituye su genuina función comunicacional y estratégica.

Identidad Corporativa

Se habla mucho de identidad corporativa, de imagen corporativa, cultura corporativa, comunicación corporativa, etc., etc., y existe una notable confusión, hasta el punto de que muchas empresas no saben realmente lo que están comprando cuando contratan esta clase de servicios.

Las confusiones conceptuales engendran confusiones verbales y a la inversa, de manera que es necesario dejar de hacer literatura, de repetir viejos tópicos y hablar con hechos. Mostrar realidades que están en las empresas, en la calle y en las cabezas de los consumidores. Y demostrar (no teorizar ni contar ejemplos ajenos que nada tienen que ver con los problemas de imagen y comunicación de cada empresa en particular), qué es y para qué sirve la identidad Corporativa; cuáles son sus poderes y de qué forma las empresas pueden explotarlos como un instrumento fundamental de la gestión.

Tratar con rigor de la identidad corporativa, es decir, profundizar en ella como lo que realmente es, con todo su potencial estratégico y operativo, requiere que empecemos con una crítica. Porque en efecto, la limitación a la que esta disciplina ha derivado, no tiene nada que ver con el verdadero espíritu de la identidad empresarial y acaba por reducirse a elementos superficiales, parciales y a la simple función estética.

A causa de esta banalización que vivimos del concepto de identidad corporativa, se piensa erróneamente:
1. Que se trata de un simple apartado de la disciplina del diseño gráfico
2. Que su objeto es sencillamente dotar a las empresas de simples “marcas” – a las que se confunde con “logotipos” -.
3. Que se debe establecer normar de aplicación de dichos signos de marca, pero que en la realidad se trata de pseudonormas, siempre repetidas, que no son sino la copia indefinida de un manual cuyo modelo está ya superado y no sirve a las necesidades reales de cada empresa en particular.

Tal reduccionismo de lo que es realmente la identidad corporativa, no es otra cosa que una tergiversación engañosa de lo que en verdad significa la noción profunda de identidad –que tiene sus raíces y su potencial en la antropología- y el sentido de corporación – que viene de “corpus” y concierne a la operativa de la empresa en su totalidad-

La identidad corporativa es un instrumento fundamental de la estrategia de empresa, de su competitividad. Y la elaboración y la gestión de este instrumento operativo no es solamente cuestión de diseño, sino que constituye un ejercicio esencialmente pluridisciplinar.

El problema es sin embargo, es que de los siete vectores de la identidad empresarial sólo son una parte es visible y reproductible: la de los signos gráficos. Aún siendo ésta la punta visible del iceberg, no es sino una pequeña porción de él, realmente la más evidente y permanente, pero que se sostiene gracias a una gran masa sumergida.

El que esta masa sea invisible no significa que no exista. Y el que la punta sea visible no implica que exista por sí misma, independientemente de la estructura que la sostiene y le da sentido. Y mucho menos que la identidad corporativa sólo sea lo que “se ve”.

Por otro lado, el ejemplo del iceberg sumergido es aún insuficiente. La identidad corporativa posee asimismo una dimensión mayor: la de su reflejo espacial y temporal o su vida activa, más importante, por supuesto, que la estructura física que la sostiene y que constituye su genuina función comunicacional y estratégica.