Archivos Mensuales: diciembre 2008

Diseño en la Vida Cotidiana. Capitulo I

¿Qué es el Diseño?
Podemos ver como la práctica del diseño esta llena de muchas confusiones, por que pudiera parecer algunas veces, como superficial y decorativo, otras como banal e intrascendente o divertido y entretenido, sin dejar de ser provechoso en el sentido económico y efímero, ya que una pequeña parte es de calidad duradera.
Tanto por su variedad de significados (El diseño consiste en diseñar un diseño para producir diseño) como en su haber, desde el diseño de artesanías hasta el publicitario o de moda, existen estas confusiones, teniendo todas ellas en común, que son formadas por una capacidad humana que da forma y no tiene precedente en la naturaleza, que sirve a nuestras necesidades y da sentido a nuestra vida.
Así pues el diseño es una de las características básicas de lo humano y un determinante esencial de la calidad de vida, aunque el diseño nos afecta a todos profundamente de diversas formas, constituye un inmenso potencial infrautilizado en la vida.
Por lo que para poder hablar más abiertamente acerca del diseño, necesitamos conocer cada uno de los significados que este concepto puede tener, como se desenvuelve en sus diferentes campos de acción y que es lo que lo hace ser tan esencial en la calidad de vida de las personas.
Ya con estos conceptos, poder aplicarlos y manejar este potencial que es tan poco utilizado aún, por su gran extensión que abarca en distintos aspectos de la vida. Me parece una lectura muy interesante, para conocer más claramente conceptos básicos sobre el Diseño y su papel que tiene ante la sociedad, además de ¿en que forma nosotros intervenimos en todo esto?

Identidad Corporativa

Se habla mucho de identidad corporativa, de imagen corporativa, cultura corporativa, comunicación corporativa, etc., etc., y existe una notable confusión, hasta el punto de que muchas empresas no saben realmente lo que están comprando cuando contratan esta clase de servicios.
Las confusiones conceptuales engendran confusiones verbales y a la inversa, de manera que es necesario dejar de hacer literatura, de repetir viejos tópicos y hablar con hechos. Mostrar realidades que están en las empresas, en la calle y en las cabezas de los consumidores. Y demostrar (no teorizar ni contar ejemplos ajenos que nada tienen que ver con los problemas de imagen y comunicación de cada empresa en particular), qué es y para qué sirve la identidad Corporativa; cuáles son sus poderes y de qué forma las empresas pueden explotarlos como un instrumento fundamental de la gestión.
Tratar con rigor de la identidad corporativa, es decir, profundizar en ella como lo que realmente es, con todo su potencial estratégico y operativo, requiere que empecemos con una crítica. Porque en efecto, la limitación a la que esta disciplina ha derivado, no tiene nada que ver con el verdadero espíritu de la identidad empresarial y acaba por reducirse a elementos superficiales, parciales y a la simple función estética.
A causa de esta banalización que vivimos del concepto de identidad corporativa, se piensa erróneamente:
1. Que se trata de un simple apartado de la disciplina del diseño gráfico
2. Que su objeto es sencillamente dotar a las empresas de simples “marcas” – a las que se confunde con “logotipos” -.
3. Que se debe establecer normar de aplicación de dichos signos de marca, pero que en la realidad se trata de pseudonormas, siempre repetidas, que no son sino la copia indefinida de un manual cuyo modelo está ya superado y no sirve a las necesidades reales de cada empresa en particular.
Tal reduccionismo de lo que es realmente la identidad corporativa, no es otra cosa que una tergiversación engañosa de lo que en verdad significa la noción profunda de identidad –que tiene sus raíces y su potencial en la antropología- y el sentido de corporación – que viene de “corpus” y concierne a la operativa de la empresa en su totalidad-
La identidad corporativa es un instrumento fundamental de la estrategia de empresa, de su competitividad. Y la elaboración y la gestión de este instrumento operativo no es solamente cuestión de diseño, sino que constituye un ejercicio esencialmente pluridisciplinar.
El problema es sin embargo, es que de los siete vectores de la identidad empresarial sólo son una parte es visible y reproductible: la de los signos gráficos. Aún siendo ésta la punta visible del iceberg, no es sino una pequeña porción de él, realmente la más evidente y permanente, pero que se sostiene gracias a una gran masa sumergida.
El que esta masa sea invisible no significa que no exista. Y el que la punta sea visible no implica que exista por sí misma, independientemente de la estructura que la sostiene y le da sentido. Y mucho menos que la identidad corporativa sólo sea lo que “se ve”.
Por otro lado, el ejemplo del iceberg sumergido es aún insuficiente. La identidad corporativa posee asimismo una dimensión mayor: la de su reflejo espacial y temporal o su vida activa, más importante, por supuesto, que la estructura física que la sostiene y que constituye su genuina función comunicacional y estratégica.

Infografia 2:0

El término infografía es un acrónimo derivado del anglosajón infographics, hijo a su vez de la expresión “information graphics”, popular desde la informatización de las redacciones periodísticas de finales de los años 80 y comienzos de los 90.6 Este hecho ha conducido en ocasiones en ámbitos hispanohablantes a la confusión de definirla como la aplicación de herramientas informáticas a la creación gráfica.7

Debido precisamente a lo equívoco del término, en este libro procuraré referirme más a “visualización de información”, como explico más adelante, para describir la actividad de producir “infografías” o “infográficos”
por parte de “infografistas” o “infógrafos”. Lo perdido en brevedad se ganará en precisión.

Un infográfico (o infografía) es una representación diagramática de datos. Valero Sancho (2000) la define de forma más extensa como “una aportación informativa, elaborada en el periódico escrito, realizada con elementos icónicos y tipográficos, que permite o facilita la comprensión de los acontecimientos, acciones o cosas de actualidad o algunos de sus aspectos más significativos y acompaña o sustituye al texto informativo”.

Sin embargo, stricto sensu, una infografía no tiene por qué ser publicada por un “periódico” para ser considerada como tal. Cualquier información presentada en forma de diagrama —esto es, “dibujo en el que
se muestran las relaciones entre las diferentes partes de un conjunto o sistema”8— es una infografía.

Por otra parte, un infográfico no tiene por qué incluir palabras necesariamente. En algunos casos, el texto de acompañamiento o explicación no es necesario, e incluso puede llegar a obstaculizar la comprensión del contenido. Uno de los mejores infógrafos del mundo, Nigel Holmes, es autor de un libro titulado Wordless Diagrams (Bloomsbury, 2005), que ofrece exactamente lo que el título sugiere. Holmes ha afirmado que una de sus principales influencias es Otto Neurath, sociólogo austriaco famoso por la creación de Isotype (International System of Typographic Picture Education), una especie de lenguaje basado en iconos y pictogramas simples cuyo objetivo era comunicar mensajes complejos usando la menor cantidad posible de texto.

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Identidad Corporativa

Se habla mucho de identidad corporativa, de imagen corporativa, cultura corporativa, comunicación corporativa, etc., etc., y existe una notable confusión, hasta el punto de que muchas empresas no saben realmente lo que están comprando cuando contratan esta clase de servicios.

Las confusiones conceptuales engendran confusiones verbales y a la inversa, de manera que es necesario dejar de hacer literatura, de repetir viejos tópicos y hablar con hechos. Mostrar realidades que están en las empresas, en la calle y en las cabezas de los consumidores. Y demostrar (no teorizar ni contar ejemplos ajenos que nada tienen que ver con los problemas de imagen y comunicación de cada empresa en particular), qué es y para qué sirve la identidad Corporativa; cuáles son sus poderes y de qué forma las empresas pueden explotarlos como un instrumento fundamental de la gestión.

Tratar con rigor de la identidad corporativa, es decir, profundizar en ella como lo que realmente es, con todo su potencial estratégico y operativo, requiere que empecemos con una crítica. Porque en efecto, la limitación a la que esta disciplina ha derivado, no tiene nada que ver con el verdadero espíritu de la identidad empresarial y acaba por reducirse a elementos superficiales, parciales y a la simple función estética.

A causa de esta banalización que vivimos del concepto de identidad corporativa, se piensa erróneamente:
1. Que se trata de un simple apartado de la disciplina del diseño gráfico
2. Que su objeto es sencillamente dotar a las empresas de simples “marcas” – a las que se confunde con “logotipos” -.
3. Que se debe establecer normar de aplicación de dichos signos de marca, pero que en la realidad se trata de pseudonormas, siempre repetidas, que no son sino la copia indefinida de un manual cuyo modelo está ya superado y no sirve a las necesidades reales de cada empresa en particular.

Tal reduccionismo de lo que es realmente la identidad corporativa, no es otra cosa que una tergiversación engañosa de lo que en verdad significa la noción profunda de identidad –que tiene sus raíces y su potencial en la antropología- y el sentido de corporación – que viene de “corpus” y concierne a la operativa de la empresa en su totalidad-

La identidad corporativa es un instrumento fundamental de la estrategia de empresa, de su competitividad. Y la elaboración y la gestión de este instrumento operativo no es solamente cuestión de diseño, sino que constituye un ejercicio esencialmente pluridisciplinar.

El problema es sin embargo, es que de los siete vectores de la identidad empresarial sólo son una parte es visible y reproductible: la de los signos gráficos. Aún siendo ésta la punta visible del iceberg, no es sino una pequeña porción de él, realmente la más evidente y permanente, pero que se sostiene gracias a una gran masa sumergida.

El que esta masa sea invisible no significa que no exista. Y el que la punta sea visible no implica que exista por sí misma, independientemente de la estructura que la sostiene y le da sentido. Y mucho menos que la identidad corporativa sólo sea lo que “se ve”.

Por otro lado, el ejemplo del iceberg sumergido es aún insuficiente. La identidad corporativa posee asimismo una dimensión mayor: la de su reflejo espacial y temporal o su vida activa, más importante, por supuesto, que la estructura física que la sostiene y que constituye su genuina función comunicacional y estratégica.