Algo sobre religiones

Religión Hinduista.

 No existe una “religión hinduista”, la llamamos así a todas aquellas que se han desarrollado en la India y que no son ni musulmanas ni cristianas ni parsis ni tribales.

 El yoga se imparte en Occidente como una cultura del yo basada en la sinceridad para con uno mismo y la paz, tanto la interior de cada uno como en relación con los demás. El hecho es tanto más llamativo cuanto que la Bhagavad Gita, una de las formas más populares de  la doctrina del yoga, está inmersa en una epopeya no sólo sangrienta, sino también saturada de trampas y felonías, instigadas no pocas veces por la misma divinidad que enuncia la doctrina.[1]

 Lo divino en la India es por una parte opcional -cada uno adora al Dios que prefiere, o a ninguno – y por la otra es algo interior al propio sujeto, no extraño ni superior a él, así que partes amplias del hinduismo pueden ser absorbidas sin dificultad al margen de cualquier confesión religiosa, y son compatibles con la mayoría de las confesiones y hasta con el agnosticismo y con el ateísmo.

 Si el hinduismo está en condiciones de aportar algo a una ética universal contemporánea, podría hacerlo, en ninguna de las corrientes clásicas del hinduismo hay pie para una ética del tipo de la que en Occidente consideramos que constituye el mayor progreso espiritual de nuestra civilización: la ética de la responsabilidad social y de la solidaridad.

 ¿Cómo podría la tradición india aportar algo a la ética individual: incorporando al razonamiento moral el conjunto de la complejidad de la personalidad humana, y corrigiendo así la unidimensionalidad del racionalismo occidental, que tiende a elevar la “razón pura” a la condición de árbitro universal.

 Si la actitud ética deriva de la sublimación de la emoción estética, no será la razón sola, sino todo cuanto forma la felicidad humana no egoísta, lo que contribuirá a dar forma a la eticidad de cada uno. Más allá de principios abstractos como el de igualdad, el bien común o la satisfacción general de las necesidades, la ética entenderá el potencial moral de la desigualdad, de la diversidad, pues se basará en el disfrute depurado de ésta. Y entenderá que el bien de cada uno tiene que ser configurado por cada uno, pero no desde el egoísmo pueril del culto al yo, sino desde una concepción de la humanidad como “totalidad concreta”

 Quiero decir: la idea abstracta de la humanidad consiste en seleccionar una serie de rasgos “esenciales”, los que se supone que compartimos todos los hombres, y construir así un concepto que sólo contenga esos.

 Una noción de la humanidad como “totalidad concreta”, por el contrario, se basaría en la experiencia estética de la universalidad, no deducida de ciertos rasgos sino vivida y disfrutada como comunidad efectiva. No sería un conjunto coherente de propiedades, que sirve para clasificar teóricamente a los individuos en humanos y no humanos, sino que sería el resultado del sentimiento de pertenencia por encima de la particularidad excluyente.

 La comunidad “estética” no es la de los individuos que coinciden bajo un concepto, y que por lo tanto solo están juntos y son iguales en el acto de la conciencia que piensa ese concepto, sino que es la comunidad real de los que comparten una emoción generosa, una excitación placentera interpretada como conciencia más compleja, más amplia y más incluyente que ninguna otra. La dramatización ritual de esta comunidad como hierogamia, como unión física de las dos partes en las que se divide realmente la humanidad, la masculina y la femenina, refuerza la concreción de esta posible comunidad ética.

 La Teoría de las reencarnaciones, para nosotros una representación imposible, puede sin embargo ser entendida, en un plano simbólico, como una forma peculiar de dar sentido a esta “comunidad concreta”, ya que en ella cada individuo ha sido y volverá a ser muchos otros individuos diferente. Tanto en la identidad sincrónica de hombre y mujer unidos sexualmente, como en la identidad diacrónica de las diversas vidas sucesivas del individuo, se plasma una noción de la humanidad como comunidad que no se basa en una abstracción, culturalmente condicionada, de rasgos “universales”, sino en la experiencia de estar compartiendo destino, y en la obligación ética de hacerlo desde la sublimación de los intereses y las experiencias particulares de cada yo.

 En este punto acude en ayuda de la intencionalidad ética el viejo trasfondo filosófico de la tradición hinduista: en ella la reflexión teórica no tiene por objeto dominar la realidad a través de conceptos, sino aliviar el sufrimiento de los hombres, corrigiendo los prejuicios que lees hacen entenderse equivocadamente como distinto de Dios. Este es el elemento de la compasión, poco desarrollado en la India hinduista, pero ciertamente no ausente de sus supuestos.

 Religión Budista

 La propuesta ética del dalai lama. Para el Dalai Lama, la ética es uno de los elementos básicos del camino espiritual y su finalidad última es la liberación del sufrimiento propio y ajeno, o dicho de otra manera más positiva e igualmente budista, el cometido de la ética es ayudar a la transformación y despertar de la mente por el bien y felicidad de todos los seres.

 El Dalai Lama relaciona la práctica ética y espiritual con la transformación y perfeccionamiento de la mente: “el objetivo de la práctica espiritual, y de la práctica ética por tanto, consiste en transformar y perfeccionar el (estado mental) kun long del indivuduo. De ese modo nos convertimos en seres humanos mejores.

 Cuanto mayor sea el éxito que tengamos en al transformación de nuestro corazón y nuestro espíritu mediante el cultivo de las cualidades espirituales, mejor podremos afrontar la adversidad y mayores serán las probabilidades de que nuestros actos sean éticamente íntegros.

 Lo que Dalai Lama propone para solucionar los problemas de la humanidad, es algo más profundo y de mayor alcance, a saber, una revolución espiritual, y toda revolución espiritual entraña una revolución ética.

 Al relacionar la ética con la práctica espiritual, el Dalai Lama no pretende insinuar que el comportamiento ético sólo tiene sentido dentro del marco de la religión ni que sólo los creyentes en Dios o en cualquier otro artículo de fe pueden obrar rectamente.

 Para el Dalai Lama, ser religioso no es sinónimo de comportamiento ético, más que de ser creyente o no, de lo que se trata es de ser un buen ser humano: “he llegado a la conclusión de que tanto si una persona es o no es creyente en el terreno de la religión, eso es algon que no tiene demasiada importancia. Mucho más importante es que se trate de un buen ser humano.

Para el Dalai Lama, ninguna religión por sí sola puede satisfacer a toda la humanidad e incluso es posible vivir perfectamente bien sin creencias religiosas, obviamente lo mejor es el budismo, pero eso no significa que sea lo mejor para todos los seres humanos sean miembros de una de las grandes religiones de la humanidad.

 

Ahora bien, esto no significa que el Dalai Lama desprecie la función que pueden desempeñar las grandes religiones para la vida ética y el logro de la felicidad de sus creyentes. Todas las religiones tienen su importancia y en el fondo, todas ellas aspiran a lo mismo. Todas comparten su  importancia y en el fondo, todas ellas aspiran a lo mismo. Todas comparten los mismos valores esenciales y todas pueden conducir al ser humano a una felicidad genuina y duradera.

 

Las religiones “aspiran a contribuir a que el ser humano alcance una felicidad duradera. En mi opinión todas y cada una de ellas son muy capaces de conseguirlo. En circunstancias tales como las que vivimos, esta gran variedad de religiones, todas y cada una de las cuales promueven a fin de cuestas los mismos valores esenciales, es a un tiempo útil y valiosa.

 

Conclusiones.

 

  1. la primera de las aportaciones del budismo a una ética planetaria es la de ampliar el concepto mismo de ética predominante en nuestro mundo. La ética no es un fin en sí mismo ni simplemente versa sobre normas y preceptos más o menos justificados racionalmente. la ética es fundamentalmente una parte más del camino espiritual orientado a la transformación y en último término despertar de la mente, o expresado en términos más budistas, es uno de los factores que integran el noble sendero conducente a la liberación del sufrimiento o infelicidad. Además de sobre normas y su justificación, la ética debería ocuparse de todo aquello que se relaciona, contribuye y condiciona la felicidad, entendida no como satisfacción de los deseos sino como paz interior, equilibrio emocional y realización personal.
  2. la segunda de las aportaciones del budismo a una ética mundial consiste en dar más importancia al estado de nuestras mentes como raíz principal del comportamiento contrario a la ética. El budismo reconoce que la eticidad de las acciones depende las consecuencias que tengan dichas acciones para la felicidad tanto propia como ajena, así como de la motivación e intención de la voluntad subyacente a esas acciones. Sin embargo, la ética budista no  es exactamente una ética consecuencialista ni tampoco una ética de la intención. Lo fundamental  para valorar la moralidad e inmoralidad de los actos es el estado mental del que proceden y se acompañan su realización a través del pensamiento, la palabra y el cuerpo. Si en el estado mental que condiciona el surgimiento de la voluntad predomina la avidez, el odio o la ofuscación, la acción resultante será perjudicial tanto para la felicidad de uno mismo como para la de los demás. Por el contrario, si predomina la no avidez, no odio y no ofuscación (factores mentales positivos a pesar de su formulación negativa), la acción será beneficiosa.
  3. el hacernos tomar conciencia del carácter interdependiente e interrelacionado de toda la realidad. Mi bien y felicidad es inseparable del de los demás, incluyendo a los seres vivos y al planeta. Todo depende de todo, nada es prescindible ni nadie es auto suficiente, todo tiene su importancia y disgnidad. No sólo los seres humanos sino también los otros seres vivos y  el medio ambiente son objeto del comportamiento ético.
  4. la interdependencia y el dinamismo de la realidad nos ayuda a percibir mejor el carácter trnsitorio y convencional de nuestra identidad, y por tanto, a flexibilizar la gran separación que establecemos entre el yo y los otros, entre lo mío y lo de otros, entre mí país, mi nacionalidad, mi raza, mi partido politico, mi condición social, mi religión, mis problemas, etc., y los de los otros. La doctrina budista de la no identidad o ayoidad es sumamente relevante para la ética: no se trata de carecer absolutamente de identidad si no de carecer de una identidad absoluta, fija, separada e independiente a la que me apego y por la que soy más egoísta, interesado, avaricioso, envidioso, agresivo, dogmático, intolerante, etc., y por la que estoy dispuesto a negar e incluso aniquilar la identidad y derecho a la felicidad de otros.

 

La ética del Judaísmo

 

La ética de la justicia y el amor

Cuando intentamos diferenciar algo así como la ética judía de cualquier otra tradición moral, enseguida tropezamos, como será evidente a este altura, con estos dos hechos.

 

Por una parte, el judaísmo coincide con el cristianismo en sus acentos morales; por otra parte, la vida del judío tradicional y la vida del judío ortodoxo se separan llamativamente de las demás formas habituales de existencia, porque están pautadas momento a momento por la riqueza sobreabundante de las prescripciones con las que la sabiduría rabínica se ha ocupado desde hace más de dos milenios.

 

Ser cristiano es una manera peculiar de ser judío, el cristiano difiere del judío en que identifica al Mesías con Jesús de Nazaret crucificado y resucitado por el Padre. De esta experiencia-raíz, sumada a la experiencia de la donación del Espíritu (juntadas ambas, resultan ser reiteración y renovación de la Pascua y del Pentecostés judíos), extrae el cristianismo su fe trinitaria.

 

En lo que concierne a la práctica, la identificación de Jesús con el Mesías que habrá de volver al final de los tiempos sobre todo procura acelerar aún más la urgencia de la historia y, por tanto, del combate dentro de ella contra todas las formas del mal. El cristianismo se sitúa ya en la edad final del mundo, en la edad del Espíritu y de la expectativa inminente del juicio divino. La redención es ya ahora y, sin embargo, todavía no es su consumación.

 

Y la imagen del ser humano santo ofrecida en la perfección del Jesús histórico es precisamente la de aquel que, después de colmar su existencia de signos que realizan y a la vez simbolizan la salvación (presente, pues, a la vez que futura), muere por haber vivido así; y muere de la muerte más cruel y deshonrosa, tormento romano reservado a los esclavos, sin que le quepa la calma de estar así confirmado evidentemente aquello para lo que ha vivido.

 

El judaísmo no pide a nadie que se convierta en judío. No está interesado en hacer misión de esa clase, sino en que el bien impregne las relaciones entre todos los hombres y así se abra paso cada día en mayor medida el auténtico conocimiento del Dios justo y misericordioso, señor de la historia y redentor de todos según su promesa.

 

Ya sabemos quién es judío. Hemos comprobado que, en principio, se es judío sencillamente porque se nace judío, y no porque se haga uno judío. No tiene por qué entenderse en el sentido de la exclusividad y el privilegio esta condición. Todos los hombres se salvan si vuelven a Dios gracias a la realización de la justicia (y no gracias a la preservación de cuanto se prescribe para el judío dentro del muro talmúdico).

 

Ética religiosa y civil en el Islam

 

No obstante la diversidad de orientaciones en el mundo musulmán a la que ya hemos hecho mención y que se manifiesta no sólo en la coexistencia de diversas confesiones, sino en la división interna del propio islam, hay que insistir una vez más en la homogeneidad del dogma y de la práctica en general entre los diversos grupos musulmanes, lo que permite hablar de una unidad por la fe.

 

Con mucha frecuencia, se dice que el Islam es una religión indisolublemente ligada al Estado. Siendo cierto que el Islam es una religión comunitaria, cuya cabeza rectora lo es de lo que hoy entendemos por ámbito civil y de los aspectos religiosos, hay que decir inmediatamente que no concibe esa íntima relación como el necesario establecimiento de un estado teocrático.

 

 

 

 

 

 


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