Archivos Mensuales: mayo 2008

Algo sobre religiones

Religión Hinduista.

 No existe una “religión hinduista”, la llamamos así a todas aquellas que se han desarrollado en la India y que no son ni musulmanas ni cristianas ni parsis ni tribales.

 El yoga se imparte en Occidente como una cultura del yo basada en la sinceridad para con uno mismo y la paz, tanto la interior de cada uno como en relación con los demás. El hecho es tanto más llamativo cuanto que la Bhagavad Gita, una de las formas más populares de  la doctrina del yoga, está inmersa en una epopeya no sólo sangrienta, sino también saturada de trampas y felonías, instigadas no pocas veces por la misma divinidad que enuncia la doctrina.[1]

 Lo divino en la India es por una parte opcional -cada uno adora al Dios que prefiere, o a ninguno – y por la otra es algo interior al propio sujeto, no extraño ni superior a él, así que partes amplias del hinduismo pueden ser absorbidas sin dificultad al margen de cualquier confesión religiosa, y son compatibles con la mayoría de las confesiones y hasta con el agnosticismo y con el ateísmo.

 Si el hinduismo está en condiciones de aportar algo a una ética universal contemporánea, podría hacerlo, en ninguna de las corrientes clásicas del hinduismo hay pie para una ética del tipo de la que en Occidente consideramos que constituye el mayor progreso espiritual de nuestra civilización: la ética de la responsabilidad social y de la solidaridad.

 ¿Cómo podría la tradición india aportar algo a la ética individual: incorporando al razonamiento moral el conjunto de la complejidad de la personalidad humana, y corrigiendo así la unidimensionalidad del racionalismo occidental, que tiende a elevar la “razón pura” a la condición de árbitro universal.

 Si la actitud ética deriva de la sublimación de la emoción estética, no será la razón sola, sino todo cuanto forma la felicidad humana no egoísta, lo que contribuirá a dar forma a la eticidad de cada uno. Más allá de principios abstractos como el de igualdad, el bien común o la satisfacción general de las necesidades, la ética entenderá el potencial moral de la desigualdad, de la diversidad, pues se basará en el disfrute depurado de ésta. Y entenderá que el bien de cada uno tiene que ser configurado por cada uno, pero no desde el egoísmo pueril del culto al yo, sino desde una concepción de la humanidad como “totalidad concreta”

 Quiero decir: la idea abstracta de la humanidad consiste en seleccionar una serie de rasgos “esenciales”, los que se supone que compartimos todos los hombres, y construir así un concepto que sólo contenga esos.

 Una noción de la humanidad como “totalidad concreta”, por el contrario, se basaría en la experiencia estética de la universalidad, no deducida de ciertos rasgos sino vivida y disfrutada como comunidad efectiva. No sería un conjunto coherente de propiedades, que sirve para clasificar teóricamente a los individuos en humanos y no humanos, sino que sería el resultado del sentimiento de pertenencia por encima de la particularidad excluyente.

 La comunidad “estética” no es la de los individuos que coinciden bajo un concepto, y que por lo tanto solo están juntos y son iguales en el acto de la conciencia que piensa ese concepto, sino que es la comunidad real de los que comparten una emoción generosa, una excitación placentera interpretada como conciencia más compleja, más amplia y más incluyente que ninguna otra. La dramatización ritual de esta comunidad como hierogamia, como unión física de las dos partes en las que se divide realmente la humanidad, la masculina y la femenina, refuerza la concreción de esta posible comunidad ética.

 La Teoría de las reencarnaciones, para nosotros una representación imposible, puede sin embargo ser entendida, en un plano simbólico, como una forma peculiar de dar sentido a esta “comunidad concreta”, ya que en ella cada individuo ha sido y volverá a ser muchos otros individuos diferente. Tanto en la identidad sincrónica de hombre y mujer unidos sexualmente, como en la identidad diacrónica de las diversas vidas sucesivas del individuo, se plasma una noción de la humanidad como comunidad que no se basa en una abstracción, culturalmente condicionada, de rasgos “universales”, sino en la experiencia de estar compartiendo destino, y en la obligación ética de hacerlo desde la sublimación de los intereses y las experiencias particulares de cada yo.

 En este punto acude en ayuda de la intencionalidad ética el viejo trasfondo filosófico de la tradición hinduista: en ella la reflexión teórica no tiene por objeto dominar la realidad a través de conceptos, sino aliviar el sufrimiento de los hombres, corrigiendo los prejuicios que lees hacen entenderse equivocadamente como distinto de Dios. Este es el elemento de la compasión, poco desarrollado en la India hinduista, pero ciertamente no ausente de sus supuestos. Sigue leyendo Algo sobre religiones

Metodología del Diseño

Este libro sobre Metodología del Diseño fue escrito por  la Doctora en Filosofía y Bellas Artes, Luz del Carmen Vilchis, mexicana pionera en  el uso de recursos digitales, quien entre sus cuatro libros, este ha sido elaborado sobre Los Fundamentos Teóricos, del quehacer de un diseñador, esta dividido en varias capítulos de los cuales, todos tienen relevancia para el quehacer del diseño, y cada uno de ellos tiene una aplicación práctica en el campo del diseño, como bien menciona la autora en su inicio:

 

“La obra tiene por finalidad inmediata proporcionar un punto de partida abierto a distintas teorías y diferentes alternativas técnicas, así como a posteriores investigaciones, tanto en el ámbito estrictamente filosófico como en el científico y en el practico cuya necesidad es manifiesta, dada la escasa literatura especializada que sobre el diseño se escribe en México”[1]

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